Dile al corazón que se calme y que respire, que se tumbe y duerma, que hiberne, que se encoja y se haga pequeñito pequeñito, que antes de romperse se esconda, y descanse para lo que viene. Que coja fuerzas de dónde pueda, y que intente no quebrarse más, por favor, y que duela, pero que no me destroce. Por favor.
domingo, 30 de julio de 2017
miércoles, 14 de junio de 2017
live alive
Me pregunto seriamente el hecho de por qué cuando el tiempo pasa las personas olvidan tanto, y recuerdan tan poco.
No es nada extraño el preguntarse por qué las cosas que a veces parecen ir tan bien, acaban yendo tan extrañamente raras.
No es que piense que la vida es una línea recta, sin embargo, dudo sobre si es realmente un carrusel que da vueltas y no una montaña rusa.
Las personas se van alejando porque ya estuvieron en el momento y en el lugar dónde debieron estar, pero siempre cabe decir, que sigue su estela en el mar.
Cada cabeza pensante funciona con un mecanismo y una estrategia distinta, pero realmente a veces pienso el por qué de que la boca diga cosas que el corazón no siente; como por ejemplo ese típico momento en el cual alguien dice " vete de aquí" cuando realmente no desean que se vayan, y una vez vuelven les recriminan el hecho de haberse ido, no lo entiendo.
O por qué las personas tienen esa extraña manía de decir cosas, o incluso llegar a prometer cuando saben de antemano que probablemente eso que dicen no lo puedan mantener.
Es extraño y cautivador el mecanismo del ser humano, mas qué se le va a pedir a un cuerpo con tantos cables, conexiones, y sentimiento inalámbricos.
¿Cómo se puede ser , pensar y sentir a la vez, en concordancia, si no se puede reír, llorar y soñar conjuntamente?
Es casi como decir que se puede nadar, volar y caminar a la vez.
Lo único cierto es que siempre se cae, y se renace erguido.
lunes, 22 de mayo de 2017
time
viernes, 14 de abril de 2017
Ya no soy la misma
A veces ocurren cosas que te descolocan la vida entera.
Cosas que jamás pensarías que te pasarían a ti, y de pronto todas las demás tonterías que mantenían tu mente ocupada, desaparecen. Se vuelven absurdas, ilógicas, estúpidas vaya, que es lo que son.
Entonces piensas, y empiezas a encerrarte en ti misma, te preguntas cómo ha podido pasar, nadie tiene explicaciones, nadie lo entiende.
Y es que siempre se acaba la calma.
Todo se vuelve grisáceo. El amasijo de colores que antes teñía tu senda no está. Ni si quiera el camino es igual.
Y toca luchar, e intentar ser fuerte.
Toca no decaer. Aceptar qué es lo que se aproxima, y afrontarlo.
Te das cuenta de que siempre se puede ser más fuerte, y que mientras más alto llegues, más difícil será todo.
Aprendes a ver que cuando se está bien las cosas más insignificantes se hacen más grandes de lo que realmente son y se convierten, a tu parecer, en problemas. Cuando no, no llegan ni a la 'p'.
Respiras lento, soltando el aire lentamente.
Y notas como ese dolor punzante atraviesa tu cuerpo, y tú mente. Un dolor inaguantable, estremecedor, que supera con creces todo dolor físico que hayas llegado a experimentar hasta el momento.
Todo se desvanece, y cuando vuelves a inhalar aire, el mundo ha cambiado.
martes, 24 de enero de 2017
Una ungleta
Se me rompía la voz, y llegaste para poder cuando yo no.
Se me caían las ganas, y viniste para descubrirme lo que era el cariño.
Se me acababa el camino, y decidiste llevarme a tu cama para parar el tiempo.
Se me perdía la mirada en las nubes, y me cerraste los ojos para besar mi cuello.
Creía que podía con todo, porque soy fuerte, y encontraste la debilidad de mi ser para cuidarla.
Me encantaba perderme en los árboles, y creaste un bosque sin fin para que me fuera imposible no respirar.
Me diste abrazos tan fuertes que me dolían en el pecho.
Me mirabas, una, dos, tres veces en un minuto, te pasabas la mano por el pelo, cerrabas los ojos, y al abrirlos sonreías porque seguía delante de ti.
Llegaste para enfadarte porque mientras andaba a tu lado, ponías tu mano al lado de la mía, y yo no si quiera me daba cuenta de que querías que me entrelazara contigo.
Llegaste para ponerte nervioso cada vez que me ocurre algo y corres a curarme.
Llegaste para abrazarme nada más despertarte.
Llegaste para entender por qué me gusta dormir dando la espalda.
Llegaste y no te quieres ir nunca.
Tal sueño de una tarde
Se oía una canción de fondo. Apoyada sobre el, descansé en su hombro, y me di cuenta de que estaba hecho a mi medida. Él cantaba en mi oído la letra de la canción que se escuchaba, a lo lejos.
Mis pensamientos no existían, sólo se desbordaban por acantilados, y volvían a subir, para volver a bajar. Por lo que no había claridad.
Sin embargo, estaba en paz.
Después de mucho tiempo, encontré la tranquilidad en un hombro, y descansé.
Disfruté de ese momento. De su voz, de su olor, de su tacto, de su piel... De sus besos malditos, embrujados, que no me dejaban pensar, solo reaccionaba mi cuerpo sin control.
Y después me fui.
Pero cada vez que lo recuerdo, vuelvo a perderme sin medida, en sus ojos de tierra y árboles.
Y no volví.
Pero mi momento de paz, perdurará. Porque aún lo siento, vivaz, ardiente, cantándome al oído....
" No te pude retener, entre tanta multitud, tu cuerpo quería más vivir, y yo vivir en ti, sin más"
Y me encontré.